6 Medidas que ayudarían a mejorar la Ley LISMI actual

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La Ley LISMI presenta una serie de carencias para la correcta integración social de las personas con discapacidad. Aunque el enfoque de la Ley destaca la importancia de la independencia de las personas para el desarrollo tanto del individuo como de la sociedad, también existen una serie de medidas que debería contemplar.

Principales carencias de la Ley LISMI

A pesar de que esta ley de integración social de minusválidos procura la inclusión laboral de personas discapacitadas, deja sin cubrir ciertas lagunas que precisan alternativas para reflejar todas las posibilidades.

El texto de la misma procura subsanarlo con los Centros Especiales de Empleo, desarrollados en el artículo 42 de la LISMI, la contratación de autónomos con discapacidad o las donaciones a entidades sin ánimo de lucro en pos de la integración social de personas con discapacidad.

Expansión del enfoque la LISMI

Habiendo tantos huecos por los que filtrarse, son muchos los que han expuesto ya sus propias medidas alternativas para mejorar la Ley General de Discapacidad; entre ellos, grupos políticos o incluso el CERMI (Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad).

Aunque estas entidades actúan de forma independiente basándose solo en propuestas, no pasa inadvertido que las áreas de actuación para mejorarla no deben aparcarse en aplicaciones laborales, sino que deben extenderse también a los ámbitos educacionales y familiares.

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6 Medidas complementarias para mejorar la LISMI

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Se pueden exponer así una serie de medidas que impulsen la ley de integración de minusválidos, atendiendo tanto a las propuestas como, sobre todo, a las necesidades de este colectivo:

1. Mejorar la discriminación positiva en la inclusión laboral.

Esta mejora de la discriminación positiva en la inclusión laboral debe realizarse según la demanda del puesto ofertado y el acceso a la actividad de la empresa atendiendo a las capacidades que dicha tarea requiera.

Esta se contempla ya con la ayuda de los Centros Especiales de Empleo. Sin embargo, podría mejorarse con ayudas a las empresas que incluyen personal laboral con discapacidad o de Centros Especiales de Empleo, como con premios por rendimiento, eficacia o propulsión de la actividad a la empresa, el trabajador o todo su equipo de trabajo.

2. Velar por la creación de nuevas empresas con modelos eficaces, ayudas óptimas y servicios de orientación a personas con discapacidad.

Para ello, ha ayudado la Ley 6/2017 de Reforma del Trabajo Autónomo contemplando la reducción de la cuota para personas con discapacidad igual o mayor al 33%, así como su conciliación familiar.

No obstante, la Ley LISMI podría reforzarse con gabinetes de orientación a los procesos y la actividad laboral que sirvan de guía a los autónomos con discapacidad.

Esta medida incluiría no solo el ámbito laboral, sino también el familiar ya que favorecería la independencia de los participantes, logrando su desvinculación paternal para darle las medidas necesarias para la creación de su propio núcleo independiente y, en consecuencia, la de una nueva familia.

3. Aumentar la presencia de personas con discapacidad en el ámbito científico.

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Esta mayor presencia de personas con discapacidad en la Ciencia se podría materializar con ayudas o subvenciones a proyectos científicos que conlleven un avance en sus materias de investigación.

Debería abarcarse esta medida desde la infancia en el modelo educacional.

Proporcionar los medios óptimos para la consecución de un currículo científico permitirá una presencia importante en el ámbito de personas con discapacidad, además, con un elevado valor social.

Esta medida podría ayudar a la concienciación y normalización de las condiciones de discapacidad dentro de la sociedad al alcanzar metas de difícil acceso proporcionando una visión aún más ejemplar de ellos.

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4. Endurecimiento y apoyo a la eliminación de barreras arquitectónicas en los centros de empleo y los transportes públicos. 

Una medida que parece tan obvia pero que, en la realidad, no lo es tanto.

Sigue existiendo la carencia de acceso por rampas, los espacios con elementos a alturas imposibles, la ausencia de plataformas para el acceso a transportes públicos, etc.

Estos obstáculos pueden provocar rechazo a la hora de acudir a trabajar por la incompatibilidad existente entre la motivación y las facilidades de acceso.

Aunque realmente no queda estancado en el ámbito laboral, sino que toca todas las áreas por el impedimento de un normal desarrollo de la vida diaria.

5. Reserva de puestos públicos a los que puedan acceder las personas con discapacidad.

Si esta medida figurara en la Ley LISMI actual podría, incluso, ayudar a crear un comité potenciado dentro del marco gubernamental, que velara por sus derechos dándoles una voz oficial y directa a sus necesidades desde los ámbitos de control.

6. Incluir en el modelo educativo materias expresas para la adaptación a las necesidades de personas con discapacidad.

El sistema Braille y el lenguaje de signos son aún asignaturas pendientes en los colegios, algo que podría ayudar tanto en esta etapa como en las posteriores para la inclusión social.

Además de los modelos de integración como asignación de personas con discapacidad a grupos mixtos, por ejemplo, evitando la organización de «guetos sociales».

Conclusión:

El camino empieza a andarse, y en los últimos años con pasos más ligeros, gracias en parte a los avances en la Ley LISMI.

Queda patente que la discapacidad ya no es un tema tabú y se aboga por su normalización social, pero la meta queda lejana todavía. No obstante, la conciencia se ha implantado y, ahora, remamos todos juntos por un fin común.

2018-12-01T20:33:15+00:00